Por Joel Rodríguez.- Desde el 7 de setiembre empezó a circular en redes sociales un interesante relato que involucra a dos marinas del Pacifico separadas no solo por la distancia, sino por la ausencia de algún vínculo relevante en los últimos decenios, mas allá de alguna visita protocolar o del reciente establecimiento de relaciones directas entre sí.
El medio especializado Defensa.com, afirma haber tomado conocimiento de una oferta por parte de la Fuerzas Marítimas de Autodefensa del Japón (en adelante JMSDF, por sus siglas en inglés), de la cesión (y sobre este término y sus implicancias vamos a ahondar posteriormente) de “destructores de propósito general” actualmente en servicio en dicha armada, indicando además que existe “mayor insistencia” y en orden de menor a mayor interés, de unidades pertenecientes a las clases Murasame, Takanami y Akizuki.
Es interesante notar que la nota ofrece un amplio contexto sobre el porqué esta oferta seria de gran relevancia para la Armada de Chile, pero no ofrece ningún argumento concreto sobre la misma, indicando que “ninguna de las partes ha confirmado cifras, plazos ni condiciones”, es decir, nada; y que esta “conversación” (con lo que pasamos de una cesión, que implica una intención, a solo un diálogo) “pasa de las consultas técnicas a una oferta formal, para luego afirmar que: “Por ahora, es eso: una negociación que, de cuajar, cambiaría el mapa de proveedores de la Escuadra Nacional.”
Dejando de lado que el autor inicia hablando de una “cesión”, para luego afirmar que es una “conversación”, para luego indicar que “no existe nada confirmado”, a “conformar una serie de consultas técnicas”, y finalmente resulta ser una “negociación”; que implica naturalmente algo mucho más concreto que un dialogo de pasillo o un rumor de Whatsapp, existen una serie de razones por las cuales resulta inverosímil el afirmar que sea plausible semejante oferta.
Empecemos entonces por aquellas que se originan en el contexto geopolítico en el cual se encuentra sumido el Japón en el Pacifico, para luego pasar a indicar las de naturaleza estratégica y finalmente, tecnológica.
La Carrera Naval en el Mar de China
No es desconocido que las naciones que rodean a la República Popular China (RPCh) se hallan en una franca y abierta carrera naval para incrementar su capacidad de poder ejercer soberanía en sus respectivas zonas de exclusividad económica, en este contexto y ante la creciente expansión de la Armada del Ejército de Liberación de la RPCh (en adelante PLAN, por sus siglas en inglés), el Japón ha realizado un giro fundamental en su política de defensa nacional, abandonando la postura impuesta por tras la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, de exclusiva autodefensa, a una de naturaleza más ofensiva.
Y sobre todo, abierta a la cooperación internacional con sus vecinos, que inicia el 2023 con el programa Official Security Assistance (OSA), que establece el marco regulatorio inicial, al inicio de las donaciones, primero de unidades retiradas de servicio de naturaleza constabularia / no letal desde el año 2025, a empezar las transferencias de material clasificado como “armamento” a partir de Abril de este año, siendo el más relevante el anuncio de la transferencia de 5 destructores escolta de la clase Abukuma a Filipinas a mediados de Julio.
Cabe destacar que el 26 de Agosto se hizo pública la lista de naciones del Asia Pacífico involucradas en el programa OSA para el año fiscal 2026 en adelante, siendo estas las siguientes: Filipinas, Indonesia, Malasia, Vietnam, Tailandia y Camboya en el Sureste asiático; Sri Lanka y Kenia en el Pacifico Sur; Fiji, Tonga, Papua Nueva Guinea y Palau en el Pacifico Sur; y finalmente, Timor del Este y Palau en el Océano Indico.
Como puede observarse, todas las naciones involucradas en esta lista tienen un factor en común: Están en la zona de influencia de la República Popular China. El riesgo que implica para el Japón el incremento del poder naval chino y su influencia en la región es el motor que impulsa su política de asistencia; puesto que el programa OSA está orientado específicamente a “prevenir intentos unilaterales de cambiar el statu quo por la fuerza, asegurando la paz y la seguridad del Indo Pacifico”; por lo que la Republica de Chile y su Armada no tiene ninguna relevancia en esta coyuntura, al no pertenecer a dicha región geográfica, como para ameritar ser considerada para recibir, en calidad de donación, algún medio naval dado de baja, menos aún en pleno servicio. Y no existen indicios de que esta coyuntura vaya a variar.

El VLS y la profundidad de magazine
De entre los varios indicadores que existen para poder cuantificar el poder naval de una escuadra, existen 2 que resultan clave en esta cuestión:
Uno, es el desplazamiento (tonelaje), una métrica clásica definida en el Tratado Naval de Washington de 1928 y que sirvió para intentar controlar la construcción naval de las potencias de aquellos tiempos, y la otra es la profundidad de magazine, específicamente, el número de celdas de lanzamiento vertical para mísiles (en adelante VLS, por sus siglas en inglés), que es el que está dando forma a la carrera naval del Asia Pacifico y que tiene al tonelaje por variable dependiente, puesto una mayor cantidad de celdas VLS requiere un mayor volumen disponible en el casco y por ende, un mayor desplazamiento para el buque, al incrementarse los requerimientos de generación eléctrica, control de daños, estabilidad, entre otros.
Entonces, habiendo definido estos factores, vamos a analizar cada una de las clases mencionadas para determinar qué tan factible seria que la JMSDF esté dispuesta a ceder unidades de la misma, sin que esto afecte la profundidad de magazine total disponible para dicha Armada vs su referente, la PLAN.
- Clase Murasame (comisionada desde 1996): Cuenta con 32 celdas VLS en 6,200 toneladas de desplazamiento, de las cuales 16 son de tipo Mk.48 táctico para defensa de punto, inicialmente con misiles RIM-7VLS Sea Sparrow, y desde el 2012 con el misil RIM-162 Evolved Sea Sparrow (ESSM); y 16 celdas tipo Mk.41 estratégicas (de mayor volumen y capacidad), que permiten portar 16 RUM-139 Vertical Launch Anti-Submarine Rocket (VL-ASROC), cohetes portadores de torpedos antisubmarinos, o un total de 64 misiles RIM-162 ESSM en paquetes cuádruples por celda.
- Clase Takanami (comisionada desde el 2000): Cuenta con 32 celdas VLS en 6,300 toneladas de desplazamiento, siendo todas del tipo tipo Mk.41 estratégicas, permitiendo esta configuración una mayor flexibilidad respecto a la clase predecesora, al poder destinar una mayor cantidad de celdas (mayor profundidad de magazine) para defensa antisubmarina RUM-139 VL-ASROC (24 celdas, 24 misiles) duplicando la capacidad de autodefensa (8 celdas, 32 misiles RIM-162 ESSM en paquetes cuádruples por celda).
Ambas configuraciones permiten proveer una cobertura antisubmarina complementaria a la provista por los helicópteros embarcados y medios de ala fija disponibles, proveyendo a las unidades mayores (clase Kongo en adelante) de una escolta efectiva al permitirle a estas unidades el disponer del máximo posible de sus celdas VLS para defensa área de zona, su rol principal, al ser estos buques AEGIS.

Akizuki, el escudo de la naciente flota
Vamos a tocar a la clase Akizuki de forma individual, en atención a una frase que resulta sumamente llamativa respecto a los mismos, puesto que se refiere a las 3 clases anteriores, incluyendo a esta, como “buques con años de mar, pero todavía capaces…” (El énfasis es nuestro).
Resultará evidente para los lectores, una vez descrita la clase en cuestión, que dicha frase no solo es escueta sino profundamente desacertada para describir a uno de los buques más avanzados de la JMSDF, y solo abordaremos 2 características del mismo que dejaran en evidencia no solo lo errado de tal afirmación, sino lo poco probable que resultaría una cesión de dichas unidades, por el riesgo e impacto que esto implicaría a las capacidades navales de dicha nación insular; veamos ahora algunos detalles de los buques cuya capacidad ha sido puesta en cuestión sin sustento alguno:
Clase Akizuki (comisionada desde el año 2006), con 6,800 toneladas de desplazamiento, cuenta con 32 celdas VLS del tipo Mk.41 estratégicas, ofreciendo la misma flexibilidad que la clase Takanami, pero con una diferencia substancial, este buque incorpora tanto a nivel de sensores como de sistemas de gestión de combate, contramedidas y guerra electrónica, de los cuales vamos a tomar en consideración únicamente dos: El sistema de control de tiro (en adelante FCS, por sus siglas en inglés), y el sistema de gestión de datos de combate (en adelante CMS, por sus siglas en inglés).
El FCS-3A es un sistema de control de tiro específico para la defensa aérea desarrollado íntegramente por el Japón, basado en el sistema AEGIS norteamericano desplegado en las unidades mayores de la JMSDF, que se encuentra enlazado a los arreglos de radar de barrido electrónico (en adelante AESA, por sus siglas en inglés) también de diseño y fabricación local, siendo a su vez esta una versión más avanzada de la instalada en los portaeronaves de la clase Hyuga.
Este sistema es uno de pocos en servicio a nivel mundial de características similares al AEGIS norteamericano, lo que le permite al Japón contar con un nivel de autonomía para operar y continuar con el desarrollo de dicha tecnología, al ser el FCS-3A capaz únicamente de defensa local mediante el RIM-162 ESSM, siendo el AEGIS capaz de defensa de zona y defensa balística, inclusive; capacidad con la que cuenta la JMSDF.
Esta tecnología es propietaria y crítica para el futuro de la defensa aérea de la fuerza de superficie japonesa, siendo aún muchos de sus detalles clasificados al continuar en desarrollo, representado un riesgo para dicho país otorgar acceso a la misma a una nación con la cual no solo no tiene vínculos profundos, sino intereses en común que representen para el Japón alguna ventaja en la carrera naval del Pacifico.
El CMS OYQ-11, el segundo sistema relevante para nuestro análisis, representa un salto sustancial en materia de gestión de información para la JMSDF, al ser su primer sistema completamente distribuido en servicio, ofreciendo un nivel de interoperatividad inexistente previamente en dicha fuerza y que convierte a las Akizuki en pieza clave en la defensa aérea de los portaeronaves de la clase Hyuga y con la clase Asahi, derivada de las Akizuki pero especializada en guerra antisubmarina, misma que incorpora las lecciones aprendidas en materia de costos y capacidades.

Y este es otro factor que permite descartar de plano el ofrecimiento de estas unidades, son un componente fundamental de la capa de defensa interior de los portaeronaves japoneses, diseñados para operar con ellos y entre ellos, con sus pares de guerra antisubmarina y el resto de la flota, que provee diversas capas sucesivas de protección, tanto de zona como balística.
Y no teniendo el Japón en construcción ninguna otra clase de buques que permita reemplazarlos en dicha misión, y por el contrario, se encuentran en grada unidades que complementan y se integran a dicho ecosistema defensivo, ¿qué ganaría la JMSDF cediendo, ni siquiera vendiendo, buques de tan alto valor no solo estratégico, sino económico? Porque la clase Akizuki fue un proyecto exitoso pero sumamente oneroso, cuyo desarrollo continúa a la fecha.
No son “todavía capaces”, son completamente capaces de ofrecer lo que la fuerza de tareas japonesa en torno a los portaeronaves, cuyo concepto operacional se encuentra aún en desarrollo y tienen a estos buques como pieza fundamental para su escuadra. Otro punto a considerar es la casi completa incompatibilidad de los sistemas antes citados para la clase Aizuku con los actualmente en servicio en la Armada de Chile, que le agregaría una capa adicional de complejidad a su ya diversa gama de equipos, siendo estos además de una tecnología propietaria que jamás ha sido ofrecida a la venta, menos aún en cesión gratuita, a marina de guerra alguna.
Otro tanto aplicaría a las clases Murasame y Takanami, buques que contienen un mix de sistemas norteamericanos y japoneses que llevaría, para un operador con unidades principalmente europeas, a realizar una compleja transición que le tomaría no poco tiempo en concluir.
Finalmente, el retirar unidades de cualquiera de las 3 clases mencionadas tendría un impacto significativo en la cantidad total de celdas VLS disponibles, cifra en la que el Japón, a la luz de sus construcciones navales más recientes, no está dispuesto a retroceder bajo ninguna circunstancia.
Conclusiones
A la luz de lo antes expuesto, queda claro que esta “oferta” solo resultaría beneficiosa para la Armada de Chile, que recibiría mucho a cambio de absolutamente nada, en detrimento de las capacidades de la JMSDF y de las naciones sobre las cuales si le resulta relevante incrementar su presencia e influencia, que si se verían beneficiados de adquirir tales sus capacidades con unidades de este nivel y poder de fuego. Cabe destacar la completa omisión del marco legal y geoestratégico citado previamente, que indica claramente lo improbable que resulta una cesión o transferencia de esta naturaleza.
Por lo que, me permito concluir que dicha oferta no es tal, que en el mejor de los casos es un rumor vaporoso trascendido en algún chat de Whastapp, o en el peor es una lista de deseos de un entusiasta autor que, al ver el estado actual de su armada, decidió subir la moral colectiva y la circulación del medio en el que colabora al lanzar sus deducciones al aire, cual plegaria al cielo.
El tiempo, le dará la razón o el beneficio de un rápido olvido.