Información de primer nivel sobre el proceso de compra del moderno sistema de armas Lockheed Martin F-16 Block 70 Tape 7.2, y su impacto en el rediseño estratégico de la defensa, fue hecha pública recientemente por la Fuerza Aérea del Perú (FAP).

En la presentación, el Director General de Educación y Doctrina, Mayor General Juan Pablo Tryon Carbone, compartió inicialmente la visión integral de la institución sobre los desafíos y oportunidades para el Perú que se vienen presentando en el ámbito aeroespacial y en el ciberespacial.
Ante un público selecto de profesionales civiles y líderes de opinión que participan en el Programa de Gestión Estratégica del Poder Aeroespacial y Ciberespacio (VII PROGEPAC), el conferencista abordó siete puntos durante las casi dos horas que duró la jornada.

Se explicó que adquirir un sistema militar de este nivel define la política exterior y la defensa de una nación, que en el caso peruano es para las próximas tres décadas (2024 – 2054), a partir de tres puntos:
Alianzas, con la integración profunda en el complejo militar-industrial estadounidense; doctrina, con la transición hacia estándares de operación conjunta occidentales; y dependencia, a partir del vínculo tecnológico para el mantenimiento y la modernización.

La FAP informó sobre el panorama actual de su aviación de combate, con altos costos de sostenimiento y la necesidad de modernizaciones críticas constantes para su actual flota de cazabombarderos Dassault Mirage 2000; así como las cadenas logísticas fragmentadas y un ecosistema industrial del fabricante inaccesible para el caso del MiG-29, debido al conflicto en Europa del Este.

Frente a ello, la opción del F-16 permite fortalecer la disuasión en tres aspectos clave: la capacidad de negar el espacio aéreo a agresores directos, a partir de una superioridad que evite la decisión de atacar del adversario; la vigilancia activa e ininterrumpida sobre las infraestructuras críticas y los recursos naturales ubicados en la extensa y compleja geografía peruana; y la proyección del poder estratégico para la protección marítima en el Pacífico Sur.
En el aspecto tecnológico, se resaltó, entre otras cosas, las amplias ventajas que ofrece el radar tipo AESA, o de barrido electrónico activo, con el que llegará al Perú el ‘Fighting Falcon’, y que es capaz de rastrear múltiples objetivos dispersos simultáneamente.
Además, posee una alta resistencia de señal con extrema tolerancia a las interferencias ante escenarios de guerra electrónica; y un gran alcance operativo que favorece una detección del adversario mucho antes de que éste se dé cuenta de lo que está pasando a su alrededor.

También se habló sobre la integración de la industria peruana en las cadenas globales de valor aeroespacial, gracias a la asociación estratégica establecida, y a los off sets y a la trasferencia tecnológica que se ha acordado con Estados Unidos y Lockheed Martin a partir de la compra.

En ese campo, se informó que el SEMAN Perú, el SIMA Perú –de la Marina de Guerra-, así como la Sociedad Nacional de Industrias (SNI) y las universidades, tendrán una importante participación que será detallada en su momento, y que significará la creación del conocimiento y el fortalecimiento de capacidades.
En ese sentido, la apuesta por el cazabombardero estadounidense va mucho más allá de comprar un avión de combate moderno, pues en realidad posee la visión final de convertir al Perú en un ‘hub’ aeroespacial sudamericano, desde donde se exporten componentes certificados y pueda brindarse sostenimiento –mantenimiento y reparación- a las flotas regionales de F-16.